Sacristía mayor
La sacristía mayor de Tudela fue planteada a partir de 1629 por el maestro de edificios Martín de Azcoidi y se concluyó en 1632 con fondos de la parroquia de Santa María y San Julián y del propio cabildo. Su fábrica se inscribe en unos momentos en los que las sacristías comenzaron a tener auténtico protagonismo dentro de las catedrales, monasterios y templos de menor rango.
La decoración del conjunto, hasta la erección del templo en catedral, estuvo centrada en la cajonera y en algunas pinturas, entre las que destacaban dos lienzos de Vicente Berdusán y el cuadro romano del Nacimiento, regalo del canónigo don Martín Ochoa, en 1651.
En 1783, al elevarse a rango de catedral, la sacristía mudó de aspecto y se dotó de ornato clasicista y de una serie de retratos, en su mayor parte reales, relacionados con la antigua colegiata. El canónigo encargado de las reformas necesarias fue don Ignacio Lecumberri, el cual eligió para figurar allí, tras discusiones acaloradas, a significados prohombres que habían apoyado la catedralidad y la creación de la diócesis de Tudela. Allí encontramos a Campomanes, la mejor pintura de la galería, firmada por Alejandro Carnicero, junto al primer obispo de la nueva diócesis y cinco reyes, dos privativos de Navarra y tres de España: Alfonso el Batallador, liberador de la ciudad del yugo musulmán, Sancho el Fuerte, considerado en la mayor parte de las fuentes escritas de aquel entonces como el gran promotor y mecenas de la fábrica material del templo y Felipe II, Felipe V y Carlos III, por sus gestiones para conseguir la dignidad catedralicia para aquella iglesia. Todas estas pinturas fueron realizadas, en 1797, por el pintor y diseñador de Cascante Diego Díaz del Valle.
