Patronos, proyectos y artistas
Durante los siglos del Barroco, la colegiata de Tudela, “iglesia insigne y célebre”, a cuya cabeza estaba el deán con amplísimas prerrogativas, mantuvo notables enfrentamientos con la mitra de Tarazona. El empeño del cabildo por mantener el status del deanato fue un hecho que trascendió al devenir histórico de la ciudad y a las manifestaciones artísticas.
Imitando al deán y a los canónigos en su promoción de empresas artísticas, encontramos al Regimiento de la ciudad, familias patricias, particulares e instituciones que poseían capillas y patronatos en la colegial.
El interés de unos y otros por poner el templo a la moda fue una constante, que aún se puede comprobar, a la luz de las importantes obras conservadas de aquel periodo. Se puede distinguir entre los promotores el distinto grado de implicación, a veces como verdaderos mecenas, otras como patronos o donantes.
Entre las capillas de patronato que se barroquizaron destacan la de Santo Tomás de Villanueva dotada por el canónigo tesorero don Agustín de Baquedano y la de los Egüés, bajo la advocación de la Visitación. Esta última conserva las primeras columnas salomónicas utilizadas en un retablo barroco en Navarra, obra de Francisco Gurrea de 1655.
Entre 1713 y 1725 se levantó, bajo patronato municipal, la capilla de Santa Ana, considerada por aquel entonces como “el ya no más del Arte de la Arquitectura” y “verdadera maravilla que ha admirado a nuestra España y han celebrado por prodigio las naciones extranjeras”. Unas décadas más tarde, entre 1737 y 1744, la parroquia de la colegiata erigió, a sus expensas, la capilla del Espíritu Santo.
- Presentación
- 02. El redescubrimiento del pasado. Época musulmana
- 04. Coelum in terris
- 06. El poder de la imagen
- 08. Patronos, proyectos y artistas
- 10. Un promotor y un artista
- Nota de prensa
