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Amigos de la Catedral de Tudela

Conoce a fondo nuestra joya arquitectónica más preciada de Tudela

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El legado de una Catedral – El poder de la imagen

El poder de la imagen

En 1487, en un contexto marcado por la inestabilidad política en Navarra y dentro de aquella época llamada de los descubrimientos, que sacudió los cimientos de todos los ordenes de la vida social, política y cultural de Europa a finales del siglo XV, el cabildo de la colegiata de Tudela encarga el retablo mayor de Santa María. Un Retablo destinado al ábside central del edifico medieval y que, ante todo, debía ser suntuoso además de perfectamente acabado. Siete años mas tarde, en 1494, se inauguraba esta espectacular obra de Pedro Díaz de Oviedo.

En efecto, una construcción como la que contemplamos estaba llamada a impresionar al fiel-espectador, o mejor dicho, a una comunidad de fieles. El retablo es grande y las escenas son claras e identificables en la distancia, algo muy diferente a la relación más íntima con el devoto propiciada por los trípticos o los frontales medievales. Se trataría, por lo tanto, de los  mismos planteamientos catequéticos novedosos que generaron por esos mismos años la construcción de grandes retablos en otras catedrales como Toledo, Sevilla, Oviedo o Zaragoza.

La confianza en el lenguaje universal de la imagen era absoluta, máxime en una sociedad mayoritariamente iletrada a la que se debía adoctrinar. Por ello la presentación –más que representación- de los santos humanizados al máximo, hacía necesario mostrar las imágenes sagradas y sus narraciones edificantes bajo un baño de naturalismo reforzado a su vez en el plano estilístico por el arte flamenco.

Se requería una imagen religiosa humanizada en lo exterior, clara en la expresión de los hechos, sentimientos y emociones, y patética para favorecer la aproximación meditativa o devocional. Así, a través de un lenguaje directo se aspira a conmover tanto en el lado amable, es el caso de la las escenas de la vida de la Virgen, como en el lado terrible de la pasión y crucifixión de Cristo, representadas en este retablo de Tudela.

Su autor, Pedro Díaz de Oviedo, era una artífice autorizado para lograrlo. Pertenecía a un panorama artístico dominado por españoles imbuidos de los modelos flamencos debido al éxito de dicha pintura dentro de nuestras fronteras, aunque la aceptación fue siempre parcial. De hecho nuestros pintores menospreciaron algunas de las mayores aportaciones del “arte nuevo” nórdico como la creación de ambientes naturalistas, el uso de la perspectiva empírica o incluso la utilización del punto de fuga único sustentado en la representación de pavimentos. Muy poco de todo ello aparece en las tablas de nuestro pintor. Aquí se demandaba dotar a las imágenes de unos caracteres sacros, de una sensación de riqueza de lo santo que se traducía en la profusión de dorados en los fondos –exigido en el contrato- y en la riqueza de la indumentaria, que insertaban –presentaban-, las escenas en un marco verosímil.

  • Presentación
  • 02. El redescubrimiento del pasado. Época musulmana
  • 04. Coelum in terris
  • 06. El poder de la imagen
  • 08. Patronos, proyectos y artistas
  • 10. Un promotor y un artista
  • Nota de prensa
  • 01. El legado de la arquitectura
  • 03. El redescubrimiento del pasado.Época cristiana
  • 05. Legado medieval
  • 07. Los ecos de la Edad del Humanismo
  • 09. Sacristía mayor
  • 11. Coro more hispano

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