Actualmente llamada de la Virgen Blanca y antes llamada de San Lorenzo.
Se ubica en el ábside correspondiente a la nave de la epístola. Un modesto retablo de San Juan Evangelista fue trasladado inicialmente al hueco existente al pie de la torre nueva. Actualmente se venera en esta capilla la talla en piedra románica de la Virgen Blanca, primitiva titular del templo, descubierta en 1930 detrás del retablo mayor.

La imagen, que data del siglo XII, es anterior a la catedral y tratándose de una talla románica exenta de gran tamaño, realizada en piedra por el mismo taller escultórico que trabajó en el claustro. Conserva parte de su policromía original y pertenece al modelo Sedes Sapientae. Parece ser la imagen en cuyo honor se realiza la Colegiata de Santa María (actual Catedral), ocupando el altar mayor hasta que se colocó en este lugar el retablo gótico hispano-flamenco. Se trata de una imagen relicario, ya que en su interior conserva un hueco en el que se custodiaban reliquias.
La monumental talla de la Virgen Blanca, con sus casi dos metros de altura, a diferencia de lo habitual en la imaginería románica, ofrece a su vez varios aspectos que remarcan su singularidad.
Su carácter diferenciado dentro de la tipología “Vírgenes de apoyo” por cuanto queda reforzada la relación afectiva entre madre e hijo, o asimismo las referencias formales clasicistas y de raíz bizantina, que hay que poner en relación con algunos de los capiteles del claustro de la Seo tudelana.




Dentro de la imaginería mariana navarra de su época, esta talla resulta excepcional por ser la única realizada en piedra. También por sus grandes dimensiones (190 cm. de altura) y su carácter de Virgen-relicario, ya que los dos grandes bloques pétreos que la forman custodian en su interior un receptáculo para reliquias, que contenía huesos envueltos en un tejido de tradición hispanomusulmana.
Además de esta talla hay dos sepulcros góticos, el adosado al muro de influjo flamenco, que encargó antes de 1418 el deán Sancho Sánchez de Oteiza – más tarde obispo de Pamplona – que finalmente fue enterrado en la catedral de Pamplona, aprovechándose su sepulcro para enterrar al deán Basilio de Carmago y Castejón (+ 1673), y una lauda sepulcral, fechada en 1390, de Richard Alexandris, canónigo de Tudela, limosnero de Carlos II de Navarra Evreux (1332-1349-1387) y rector de Aibar.

